El Lenguaje Visual de Yharnam

En el oscuro escenario de imponentes edificios góticos, monstruos de pesadilla y sombras intrincadas, se desenvuelve la narrativa de Bloodborne. Una historia implacable y despiadada que persigue la equidad entre la humanidad y lo divino.


Bloodborne, la obra maestra desarrollada por FromSoftware, nos sumerge en un mundo desolado y enigmático, extraído directamente de las pesadillas más profundas. En este escenario, un solitario individuo, conocido como el cazador, libra una incansable batalla contra las bestias que han caído víctimas de una despiadada plaga. Mientras se sumerge en la interminable noche del cazador en busca de respuestas, la ciudad se ve envuelta en una atmósfera inquietante que difumina sin piedad la línea que separa la cordura de la locura.

El arte de bloodborne

Cuando iniciamos el juego, nadie puede permanecer indiferente ante la primera escena que se despliega ante nosotros. Una imagen en primera persona, rodeada de sombras que parecen ser "fantasmas" o lo que sea que se oculte entre ellas. Una clínica abandonada se presenta ante nuestros ojos, la cínica de Iosefka. Aunque no sea la portada oficial, esta escena inicial comienza a revelar la gélida realidad del mundo que estamos a punto de explorar.



Al abandonar la clínica, nos sumergimos en Yharnam, y así inicia nuestra intrépida aventura. Los edificios, con arquitecturas retorcidas que parecen tender hacia el infinito, rinden un auténtico homenaje a la estética gótica y victoriana dentro del ámbito de los videojuegos.


En este universo regido por sus propias leyes y un tiempo ajeno al nuestro, la maldad y la oscuridad han tejido su imperio, donde las últimas hebras de humanidad han desaparecido por completo. Las panorámicas, extraídas de las pesadillas más profundas, se configuran a través de intrincados laberintos, puertas selladas y vestigios de sangre.

Nos encontramos inmersos en un reino donde la lucha ya no se libra únicamente contra monstruos inherentes a la naturaleza humana, sino que se busca un delicado equilibrio entre lo humano y lo monstruoso. Nos enfrentamos a malformaciones de seres, criaturas cuya ambición desmedida por ascender a un plano superior al simple humano ha sentenciado irremediablemente sus propias vidas y destinos.


El escenario despliega ante nosotros un mundo saturado de referencias, un paisaje que nos absorbe entre su bruma y nos envuelve con sus imponentes estructuras, como si de una obra de Lovecraft se tratara. El terror cósmico se manifiesta en esta obra, como si fuera una oda al mismo. La fragilidad con la que el cazador sostiene sus armas y aniquila a cada uno de nuestros adversarios refleja la vulnerabilidad que define este mundo, convirtiendo el sueño del cazador en el único refugio seguro. Quizás sea esa la razón por la cual el sueño del cazador se presenta como un enigma onírico, mientras que la propia realidad se revela como el horrendo mundo de Yharnam.



Criaturas de proporciones desmesuradas, espantosas en su horror, encarnan la marcada brecha entre ellas y la humanidad. En este enfrentamiento, el cazador se esfuerza por eliminarlas, inconscientemente ansioso por superarlas y ascender hacia una esfera divina. Este impulso, arraigado de manera intrínseca en su ser, revela el anhelo innato del ser por alcanzar un estado superior, divino. La lucha contra estas monstruosidades se convierte así en un reflejo de la búsqueda interna del cazador por trascender las limitaciones de lo humano y elevarse a una esencia divina.

Influencias artísticas 

En el tejido de este mundo onírico se entretejen diversas influencias artísticas, fusionando con maestría elementos góticos, victorianos y, por encima de todo, románticos. Se vislumbra la huella del genio de Caspar David Friedrich, plasmando ese romanticismo sombrío que se entrelaza con los reinos de las sombras y el más allá.


"La entrada al cementerio" (1825)

"Tumbas de héroes antiguos" (1812)

"El cementerio de Cloister bajo la nieve" (1818)


A lo largo de la trama de Bloodborne, la luna ejerce una influencia constante, un elemento que nos acompaña a lo largo de toda la cacería y se erige como un punto de referencia crucial en el ámbito artístico.

"Dos hombres contemplando la luna" (1819)

Los enemigos viscerales que acechan en las sombras de la ciudad encuentran un eco artístico en la carrera de destacados creadores, entre los que destaca la obra del polifacético Zdzisław Beksiński. Este pintor, fotógrafo y escultor polaco dejó su huella en el mundo del arte a través de un estilo que él mismo denominó barroco o gótico.

El primero de estos estilos se caracteriza por la representación, alcanzando su máxima expresión en su período de realismo fantástico. Durante este tiempo, Beksiński plasmó imágenes distorsionadas de un entorno surrealista y pesadillesco. El segundo estilo, más abstracto, se distingue por las características formales del formalismo, mostrando la versatilidad y profundidad de la visión artística de Beksiński.






En última instancia, este videojuego se erige como una representación vívida del lado más sombrío de la humanidad. Se configura como un retrato tanto realista como irreal en el contexto de un mundo corroído por la demencia. Un entorno que envuelve y aprisiona a todo aquel que se aventura en él, impulsado por el deseo de descubrir los secretos más oscuros de la iglesia de la sanación o simplemente sucumbir a la locura y enfrentarse a cada uno de los enemigos.

Bloodborne se erige como una obra maestra en el panorama de los videojuegos contemporáneos, dejando una huella imborrable en la memoria de aquellos que han dedicado su tiempo a explorarlo. Se convierte en ese rincón al que se regresa una y otra vez, pues la incoherencia inherente a la condición humana a menudo encuentra eco y comprensión en sus misterios.







Comentarios

Entradas populares